DOROTEA - MICRORRELATO
Cogió el mendrugo de pan y lo partió en dos. Le dio un trozo a cada niño y pensó “mañana, Dios proveerá”. Podía soportar cualquier avatar de la vida, menos la mirada del hambre. Aquellos pequeños se habían quedado huérfanos a la edad de cuatro años, y a ella no le habían enseñado a ser hombre. Ahora le tocaba sacar adelante a sus hijos sin la ayuda del pobre Damián. Hablo de ella, de Dorotea Palacios, la mujer que aparece en el cuadro de Fillol; el mismo que me conmovió cuando descubrí la negra figura de una mujer agachada, llorando desconsolada, mientras el cliente esperaba impaciente a recibir los frutos que ella guardaba para “su Damián”. Y es que una madre puede hacer cualquier cosa para vencer la mirada del hambre . No le importa mancillarse. Entregarse a un extraño no es un ultraje, si se cierran los ojos. El placer no es placer, si se ahoga la voz. Dorotea Palacios fue pasando de mano en mano como falsa moneda hasta perder el recuerdo de su primera vez. La misma...