LA VIDA EN UN BARCO - MICRORRELATO
“Abuela, me apetece un huevito”. Fue lo último que escuchó doña Catalina antes de sentir que algo había caído al agua. Ese chapoteo le sacudió el cuerpo. Y sólo alcanzó a ver cómo la manita se hundía lentamente en el río.
Los buzos intentan rescatar el cuerpo del pequeño. Deben darse prisa antes de que las pirañas lo devoren. El río baja con fuerza, arrastrando maleza para depositarla en algún lugar lejos de allí. El agua es turbia y no se ve nada. Tampoco se escucha nada. Pronto caerá la noche. Sin noticias de los buzos.
Ya es de día. Doña Catalina y doña Carla van a subirse a una lancha. Quieren ir rio abajo a ver si encuentran algo. Las abuelas están más enteras que la madre, que ahora duerme narcotizada. Gritan el nombre del pequeño, pero sólo reciben el chillido de los monos. Una anaconda se revuelve en el agua y deja ver su larga cola serpentear. La lancha parece que se va a orillar.
Algo llama la atención de las mujeres, atrapado entre las raíces de un manglar. En seguida, doña Catalina reconoce el jersey del pequeño Daniel. Así, se llamaba: Danielito.
Ahora, de regreso, doña Catalina sostiene el cuerpo inerte de su nieto, mojado y pulposo. El ruido del motor de la lancha ahoga sus llantos. Nadie dijo que era fácil la vida en un barco.
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